De lo animal, lo humano y lo divino

Hoy he cambiado de idea. Me sentía inclinada a escribir sobre lo que, por desgracia, Nos rodea en el panorama nacional, pero, indignada y hastiada de corruptelas, engaños e injusticias, de repente una noticia, un vídeo, una acción maravillosa me ha hecho frenar en seco y ha cambiado mi ceño fruncido por una sonrisa de ternura y la convicción de que hay esperanza.

El incendio de una vivienda en Sagunto, un grupo de bomberos, el humo que asfixia a dos animales atrapados, un hombre que se empeña en salvarlos, en devolverle la vida a uno de los perrillos con un corazón que ya no late y no duda y masajear el pecho inmóvil del animal con la punta de sus dedos, en insuflar con su propio aliento, el aire que necesitan los pulmones del perro.

Hemos conocido a miles, historias de perros que han salvado la vida a muchas personas, fueran sus dueños o no lo fueran. Historias de auténtico sacrificio, de arriesgar su vida por la de un ser humano sin esperar nada, nada en absoluto. Eso es auténtico amor, el amor desinteresado, la nobleza de un espíritu puro.

Toda la vida se ha llamado “humanos” a quienes han mostrado con sus actos, bondad y piedad, empatía hacia los demás. También se les llama “animales” a quienes ejercen la brutalidad y las malas formas contra otros. Realmente, vuelvo a repetirme, las palabras no muestran nada fuera del contexto de la acción. Recuerdo ahora esa anécdota que ha corrido ya muchas veces por las redes sociales: A la entrada de un parque, aparecía un cartel que anunciaba a los excursionistas: “En este parque, los animales no ensucian, por favor, compórtense como animales”.

Cuando escuché la noticia del bombero y el cachorro agonizante y más aún, cuando pude contemplar el vídeo, se me hizo un nudo en la garganta y pensé que la bondad, el amor universal transita inter especies, porque el universo no diferencia entre unas y otras, ni en lo bueno, ni en lo malo.

Han sido los seres humanos quienes se han empeñado en atribuirse el título de “hijos predilectos de Dios”, un Dios que han creado a su imagen y semejanza y no al revés.

Pero viendo el suceso de Sagunto, que no es único, por suerte para todos y todas, vuelvo a pensar que, entre tanta mierda, sigue habiendo personas que valen la pena, que salen poco a la luz porque no buscan ser protagonistas de ninguna historia, pero ellos son quienes mantienen la llama y la posibilidad de un futuro mejor.

Quiero dar las gracias a ese bombero cuyo nombre desconozco. Gracias porque me descubrí respirando con fuerza a la vez que tú soplabas dentro del hocico del animal, porque me latió el corazón mientras golpeteabas una y otra vez su pecho para hacerlo revivir de nuevo, porque me recordaste que lo divino, no es aquello que mira desde lo alto, sino que mira a ras de piel, sin importar la especie ni el género, de corazón a corazón, de boca a boca.

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