Fondos públicos o el moño de la Bernarda

Cada vez que abro la prensa o escucho las noticias en cualquier medio de comunicación, desde hace tiempo, lo que más destaca entre los acontecimientos actuales de la sociedad española, son los casos de corrupción. Parece que la paciencia de nuestra ciudadanía estira como la goma y no sabemos hasta dónde puede llegar antes de romperse, pero esto empieza a ser ya insostenible.

Todos aquellos Organismos y Estamentos que se nutren de dinero público, es decir, el dinero de quienes habitamos, trabajamos, contribuimos y respiramos en este país, resultan estar podridos, copados de mandos y gerifaltes de manos ligeras, amigos de lo ajeno, ladrones de cuello blanco, encorbatados, condecorados, de público y reconocido prestigio entre las altas esferas, que no dudan en sacar tajada económica, y abusar de su poder, apoyados en su posición dentro de esos Estamentos.

El último escándalo, -vamos a decir el penúltimo, porque seguro que sale alguno más- aflora desde el Ejército y la Guardia Civil. Aquellos de los que se supone que depende la defensa y la seguridad de todos y todas nosotras.

El Teniente Luis Gonzalo Segura, haciendo acopio de una valentía fuera de lo común y digna de admiración, tras años de denuncias acalladas, represaliado y amenazado al principio y más tarde intentando comprarle su silencio, ha conseguido, con un libro, abrir la Caja de Pandora que tan escrupulosamente se empeñaban los mandos militares en tener bajo llave.

La apropiación de miles y miles de euros, salidos del bolsillo de los contribuyentes para pagar dotaciones inexistentes de material de todo tipo; discrecionalidad en la adjudicación de obras y servicios, siempre a criterio del general o superior de turno –que a lo mejor el caso Ortiz hasta se queda pequeño-; abusos de autoridad; acoso laboral que, según la propia Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC)  muchos de estos acosos acaban en suicidio, -según las estadísticas oficiales, se produce un suicidio cada 19 días y una tentativa cada 10 días-. Esos datos, me ponen los pelos de punta y dejan bien a las claras la magnitud de la gravedad de lo que ocurre tras los muros de los cuarteles, donde los soldados rasos y los oficiales de poca graduación, no tienen ningún derecho y en cambio, sus jefes militares hacen de su capa un sayo y de los cuarteles, su cortijo particular, sin que nadie vigile, controle ni meta mano en lo que ya es el Moño de la Bernarda.

Su ley es su ley y su legalidad, la que ellos mismos estiman, por arriba, se sobreentiende, porque no existe más justicia que la que previamente acuerdan quienes se forran a costa del silencio y el temor a las represalias de lo que, al parecer, sabía hasta el gato y los ciudadanos, como siempre, los últimos en enterarnos.

Podría decir aquello de que, “tengo dos noticias, una mala y otra buena”. La mala es que en este puto país, hay más corruptos que setas en otoño y la población en la Luna de Valencia; la noticia buena es, que todavía hay gente admirable dispuesta a dar ese “Paso al frente”-título del libro del Teniente Luis Gonzalo-, para destaparles la cara y no permitir que esos delitos queden impunes, incluso a costa de su propia seguridad.

Pero nos encontramos de nuevo, para no variar, con que aquí ni se dimite, ni se piden las responsabilidades que se debiera, las de quienes han delinquido y las de quienes se lo han permitido, pues como dice el chiste, “dimitir” no es un nombre ruso, aunque lo que más se lleva es hacerse el sueco y no soltar el chollo así les maten.

¿Hasta dónde vamos a soportar esta tomadura de pelo?. Mientras se nos aumentan los impuestos, se nos recortan los presupuestos en lo más elemental de los derechos ciudadanos, como son la sanidad pública, la educación pública, los servicios sociales y la investigación, se nos empobrece hasta el punto de que las pequeñas y medianas empresas tienen que cerrar sus puertas ahogadas en deudas, creciendo el paro como nunca ha crecido, sube la tasa de familias sin recursos, sin ingresos de ninguno de sus miembros, emigran al extranjero, muchos ya sin retorno, nuestros hijos e hijas, la generación mejor preparada de la historia de España, como en otros tiempos,  envejece la población por falta de nacimientos… todo consecuencia unas cosas de otras. Se amañan rescates multimillonarios a bancos, se permite el desvío de fondos a partidas oscuras que nadie vigila, se adjudican sueldos ostentosos a personajes de medio pelo, demostradamente incompetentes, se mira para otro lado mientras se falsifican facturas y se pagan millones de material que nunca existió. Todo ello, sacado de las arcas públicas, mientras directivos de Organismos públicos  saquean a manos llenas sin orden ni control y se permiten, encima, decidir impunemente, sin atisbo de justicia ni de vergüenza, sobre la vida de los más débiles, ya sea el pueblo llano en unos casos, como la tropa en otros, pueblo llano al fin y al cabo.

Este país solo se arregla dándole la vuelta como a un calcetín. Despedidos todos. Fuera vuestras sucias manos de nuestra vida.

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