Madrid Arena, noche de terror

De nuevo el Día de los Difuntos, para unos más que para otros. Quiero decir que, si para la mayoría es un motivo de fiesta, sin más, para otros, es un doloroso recuerdo, una herida que nadie cerrará jamás y a la que, ni siquiera la justicia, se presta a mostrar un atisbo de compasión ni de consuelo.

Lo primero es lo primero, no quiero que mi pensamiento se desvíe sin rendir mi sentido homenaje a su memoria. Aquella noche, 1 de noviembre de 2012, cinco muchachas, con toda la vida por delante, murieron bajo el peso de una multitud atrapada en una trampa mortal: Mª Teresa Alonso,  Cristina Arce, Katia Esteban, Belén Langdon y Rocío Oña.

Dos años ya, que para la mayoría de nosotros han pasado rápido, pero no así para los padres de las cinco adolescentes, en cuyo pellejo no quisiéramos estar nadie, jamás. Pensar en ellos me produce una tremenda tristeza y un nudo en la garganta que me cuesta tragar.

Dos años sin juicio a los culpables de una tragedia que nunca debió suceder, desencadenada por el afán de lucro desmedido de unos, por la irresponsabilidad de otros y por el compadreo político que desemboca en sucesos como éste.

Dos años sin que nadie resuelva, sin que nadie considere prioritario un asunto de tal envergadura. Y es que, parece que hay cosas que la justicia despacha en el tiempo record de unos días, dependiendo de a quien beneficie –léase resolución contra la consulta catalana del 9N-  y otras, como la muerte de cinco jóvenes, hijas del pueblo llano, que pueden seguir pidiendo justicia desde sus tumbas hasta que las ranas críen pelo. Me pregunto quién decide cuáles son los expedientes de los casos que se ponen arriba del montón y cuáles los que se colocan debajo, sin prisa… cuando les toque.

Aquella noche hubo muchos asesinos:

*Un empresario, Miguel Angel Flores, con contactos importantes en el Aytº de Madrid, como el Vicealcalde Villanueva, que alquila un local con aforo para 10600 personas, que no tiene las medidas de seguridad que requiere este tipo de eventos, que el Ayuntamiento conocía esa circunstancia, que paga por el correspondiente a 5000 personas y que vende entradas a 22000 personas, todo ello a pesar de que, al tener cuentas pendientes con la Seg. Social, no podía alquilar el recinto.

*Un Ayuntamiento que hace la vista gorda, que pone a tan solo 12 agentes como vigilancia de un evento con 16000 personas –inicialmente-, bastantes más de las que cabían y menos de las que accedieron a él.

*La empresa Seguriber, S.L., encargada de mantener la seguridad interior del local y que, a pesar de que las cámaras de seguridad ya evidenciaban el exceso de público dentro de él, no hicieron nada por evitar que siguieran entrando jóvenes (que conste, que los jóvenes que entraban, desconocían cuántos estaban ya dentro del recinto).

 *Unos servicios médicos deficientes: M.A. Flores contrató a un ex concejal del PP, Simón Viñals, que no podía ejercer como facultativo desde el año 2005 y que acudió acompañado de su hijo como ayudante.

Ni Ayuntamiento ni Diviertt, la empresa de M.A.Flores, avisaron al Samur ni a los Bomberos de que se iba a celebrar la macrofiesta, además de que, el Ayuntamiento conocía desde 2010 los fallos de seguridad del Madrid Arena.

Miguel Angel Flores se benefició de una importante cantidad de dinero, aquel pelotazo le llegó por manos de sus amigos mandatarios del Aytº de Madrid, incluso tuvo el “detalle” de hacer partícipe de lo que auguraba un excelente negocio, con el ex concejal del PP, médico sin licencia.

¿Quién mató a aquellas cinco criaturas?. No fue el peso de los cuerpos de otros jóvenes que bien podrían haber muerto también, sino el peso de la corrupción que nos rodea, de la codicia, de la falta de escrúpulos, de la ligereza en tomar nuestras vidas y jugar a los dados con ellas.

Dicen las noticias, que la criminalidad en España ha descendido, que hay menos robos y menos crímenes. Se deben estar equivocando. Seguro que no han contabilizado a los dirigentes políticos sin ética, a los empresarios sin escrúpulos, a los “asesores” que, contados por miles, ingresan en los Organismos Públicos sin más prueba de acceso que las derivadas de su vía sanguínea o la del amiguismo o el clientelismo de la cúpula gubernamental de turno y que cobran sueldos de escándalo por, nadie sabe qué.

Y es que, habría que definir muy bien si los criminales de guante blanco, ejercen o no violencia contra la ciudadanía, o esa palabra solo es aplicable a los ladrones sin pedigrí.

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