Ellos, nosotros y el reflejo en el espejo

Gandhi dijo muchas cosas a lo largo de su vida, pero una de las frases que mejor define el por qué de las consecuencias nefastas que arrastran a la humanidad por derroteros de desesperanza,  es aquella que decía “Lo más atroz de las cosas de la gente mala, es el silencio de la gente buena”.

Vivimos tiempos de decepción, de hastío, de injusticia, de dobles raseros, de escándalos que nos esperan cada mañana al asomarnos a la puerta, envueltos como estamos en un engranaje político, económico  y social, podrido y  como decía aquella canción de Lole y Manué: “Señor, líbranos de los muertos verticales, de aquellos que se mueven por inercia, dentro de un engranaje viejo y milenario”. Pero vivimos asombrados, llevándonos las manos a la cabeza como si fuéramos espectadores perpetuos, como si no tuviéramos nada que ver en todo lo que se cuece dentro de una sociedad que no nos es ajena y en la que participamos por activa o por pasiva.

Sin embargo, la inercia de la gente (y cuando digo “gente” me refiero a una multitudinaria cantidad de ciudadanos y ciudadanas, nada desdeñable) tiende a no identificarse en el grado que sea con lo que sucede a su alrededor, o dicho de otro modo, nos escandalizamos como si todo fuera nuevo, pero debo recordar, que quienes nos ofrecen hoy el espectáculo  esperpéntico en el que vivimos, fueron ayer aupados al poder por la mayoría de los que hoy se desgarran las vestiduras como si no tuvieran ninguna responsabilidad en ello. Lo que hoy salta a las páginas de los periódicos como escándalos de corrupción, no es nuevo,  lo llevamos viviendo desde los tiempos de Felipe González, pasando por José Mª Aznar, siguiendo por José L. Rodríguez Zapatero y culminando la apoteosis con Mariano Rajoy.

Recuerdo, que la Comunidad Valenciana, se ha destacado por contribuir a esta vergüenza nacional, con un destacado número de personajes impresentables, a los que se les ha encumbrado, una y otra vez en el poder y en la peor gestión de toda la península ibérica por mayoría en las urnas. Ahí están porque en el juego de las mayorías y de las minorías, así se ha decidido, voto a voto. ¿Cuántos años lleva el PP trajinándose la Comunidad Valenciana y renovándose cada cuatro años? Ellos no son más que el reflejo de la sociedad en la que vivimos, un espejo en el que se miran y nos miramos.

Dicen, que cuando te engañan una vez, la culpa es del otro, pero cuando te engañan dos veces, la culpa es tuya.

Hasta hace cuatro días, las noticias o las sospechas sobre corrupción política, se integraban en las conversaciones de café como algo normal e inevitable. Se hablaba de los corruptos en términos de “listos” y de los honrados en términos de “tontos”. Lo que me remueve las entrañas y me las ha removido siempre, es, precisamente, que los españoles y españolas, tuviéramos tan interiorizada la inevitabilidad “in eternum” de esos hechos vergonzantes y repudiables, tanto, que he tenido que escuchar demasiadas veces aquello de “hace muy bien, si yo pudiera también trincaría” y se me sigue cayendo el alma a los pies.

¿Qué qué quiero decir con todo esto?, sencillamente lo que diría Gandhi con otra de sus sabias frases: “Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo”. Toda la mierda que cada día sale a raudales en los informativos, es erradicable hoy y también lo era ayer. Está muy bien que empiece a brotar entre la población esos sentimientos de vergüenza por todo lo que está sucediendo, más vale tarde que nunca.  Es posible que a partir de ahora, el sentido de la responsabilidad común, comience a crecer en los corazones de la ciudadanía, que empiece a pensarse en términos de responsabilidad global y no de interés personal, egoísta e insolidario. Aquello que es bueno y justo para todos, lo es también para cada individuo, pero no siempre lo que es interesante para un solo individuo, lo es también para el conjunto de ciudadanos.

Es importante pensar, qué tipo de mundo queremos para nuestros hijos y nietos y los que vengan detrás; preguntarnos qué tipo de personas queremos que sean; preguntarnos también, que es lo que estamos sembrando con cada acción, con cada decisión y con cada planteamiento de nuestra vida, que no transcurre al margen de la de los demás.  Nos quejamos de que se pierden los valores, pero no escucho a nadie plantearse en qué medida los ignora él mismo cuando muestra a sus hijos el mundo y la forma en la que deben moverse en él. Que nadie piense que no es responsable de lo que ocurre en nuestro país, todos y todas tenemos la obligación de cambiar esta realidad penosa por otra realidad, la de la actuación responsable de cada uno de nosotros, privada y públicamente. Es la única forma de lograr otro futuro para las generaciones venideras.

Recuerdo ahora otra frase, ésta de otro gran hombre,  Martin Luther King decía: “Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda”.

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