Y la preocupación cambió de bando

Hacía mucho tiempo que la cercanía de unas elecciones no creaba tanta expectativa.  Resulta refrescante el hecho de que, después de tantos años en los que los índices de abstención ante las urnas eran preocupantemente altos, e incluso aumentaban en determinados comicios, de nuevo la ciudadanía vuelve a tener ganas de expresarse, esperanza en que algo va a cambiar. Se prevé una participación bastante elevada con respeto a otras precampañas electorales. Y es que, quieran o no reconocerlo, desde hace meses estamos en precampaña.

La preocupación de unos, la ilusión de otros… precampaña y movidita, dentro y fuera de nuestras fronteras, porque en estos momentos, España está en el punto de mira del mundo entero, no porque seamos más importantes que nadie, sino porque algo ha cambiado y ese rumor de cambio está llegando y se está contagiando en otros lugares.

La precampaña ha comenzado y desde los púlpitos del poder económico comienzan a lanzar sus advertencias. No les gusta, está claro, que se les remuevan los cimientos de un sistema diseñado y calculado para mantener el sometimiento de unos pocos, sobre el resto del mundo.

A pesar de que las políticas de austeridad aplicadas por la UE en los últimos años, han permitido que la brecha de la desigualdad social se agrande, que la riqueza se acumule cada vez en mayor medida en menos manos y que la pobreza se extreme y alcance a más y más población, el empeño de los mandatarios europeos sigue siendo ahondar en las mismas medidas económicas, siendo su único objetivo, aumentar los beneficios de los bancos y las grandes empresas multinacionales.

Sin cortarse un pelo, ECOFIN, el Consejo Económico y Financiero de la UE, aconseja a España profundizar en otra reforma laboral, esta vez abaratando más aún los despidos de los trabajadores fijos para, dicen ellos, igualarse a los trabajadores  temporales. Así repartimos mejor la miseria.

El BBVA, acompaña esta sinfonía con una idea complementaria que no hay que perderse: que a los trabajadores y trabajadoras se nos retenga un 2’19% de nuestro sueldo para un fondo personal de cara a nuestro futuro despido, que, curiosamente, le llaman “salario diferido”. Me ha recordado mucho a la indemnización en “diferido”  de Cospedal a Bárcenas, un invento retorcido que nos venden como lo último de lo último.  ¡Genial! Vamos ahorrando de forma que un despido durante el primer año de trabajo, la empresa no pondría nada, pero tú te llevas tus “ahorrillos” del 2’19% más feliz que una perdiz; durante el segundo año, la empresa aportaría el correspondiente a 4 días por año trabajado; el tercer año, ocho días y a partir del cuarto,  12 días y  a correr, pero tu fondo de despido, impoluto, te llevas todo lo que hayas ahorrado y que con suerte hasta te lo administran ellos, sin intereses, claro.

Y como fin de fiesta Standard & Poor’s (S&P), agencia de calificación de riesgos, ante la proximidad de las elecciones generales del próximo año, advierte de que si se genera un entorno político fragmentado, a nivel nacional y regional, también puede dar lugar a “desviaciones en las políticas fiscales y estructurales. Esto podría poner en riesgo los objetivos de déficit público a medio plazo y el crecimiento económico”.

O sea, que aquí gobierna todo el mundo menos el Gobierno. Se nos aconseja, se nos sugiere, se nos advierte… en definitiva, la estrategia del miedo continua latente en sus discursos, señal inequívoca de que están muy preocupados. Bueno, hasta ahora, los preocupados éramos solo nosotros. Preocupados, porque tener trabajo, cada vez menos, ni siquiera es una garantía de estabilidad; preocupados, porque con esa perspectiva, nuestro futuro es incierto; preocupados, porque nuestros hijos van a ser más pobres que lo fueron nuestros padres; preocupados, porque la precariedad laboral se estandariza y el trabajo ya no te excluye de la pobreza; preocupados, porque mientras todo esto sucede, el dinero público se utiliza alegremente para inflar los bolsillos privados, sin medida ni control.

Parece que volvemos a principios del siglo XX en materia laboral, pero esa precariedad, lo que estimula realmente es la economía sumergida como única alternativa a la subsistencia. Por eso necesitamos un cambio profundo, en España y en Europa, no cambiar algo para que todo siga igual.

Humanizar la economía debe ser el objetivo primordial. La polémica está servida.

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