Pactar con el diablo

Dicen, cuentan, alertan de que, pactar con el Diablo es un acto peligroso. Los entendidos en esa materia, tan oscura como excitante, previenen de que el Diablo, siempre gana en el cambio y, cuanto más alto es el favor que se le pide, más difícil es salir del atolladero de la deuda. Debe ser algo así como pactar con la Mafia.

Pero ¿quién es tan atrevido, o está tan desesperado, que es capaz de entregar su alma a través de un pacto, a cambio de satisfacer un deseo urgente o una necesidad que considera vital? Pues parece ser que más gente de la que podemos contar.

A veces la realidad supera la ficción y, ateniéndonos a los asuntos terrenos, que son, al fin y al cabo, los que ocupan nuestras preocupaciones, observamos un futuro cercano plagadito de pactos, aunque sea con el Diablo. El actual mapa político nos ofrece a corto plazo un cambio de colorido en su dibujo, hasta ahora claramente bicolor y prácticamente iguales trazos, escaño arriba, escaño abajo, sin que la composición de ese mapa nos haya traído grandes sorpresas. En cambio, lo que se vislumbra a partir de ahora con bastante expectación, es que los matrimonios de conveniencia van a comenzar a perfilarse a toda velocidad.

Después de haberse tirado los trastos a la cabeza y haberse escupido una y otra vez, aquello de “y tú más”; después de años lanzándose pullas desde los escaños y llenando sus respectivos discursos de recriminaciones a la gestión del otro, cambian el reproche por besos lanzados con la mano o con el micrófono y me temo que, por lo que vemos y por lo que ya se intuye, se lanzarán corriendo a abrazarse con un largo y apasionado beso, aunque luego digan que lo exigía el guión.

En mayo de este mismo año, Felipe González ya lanzó la oferta al PP, la posibilidad de unirse en un gran pacto de gobierno que nos dejó temblando a todos, pero más aún a sus bases que no comparten mayoritariamente ese criterio.

Pedro Sánchez, dice no descartar “acuerdos puntuales”, eso lo ha dicho hace solo un par de días, pero se ha cortado pronto ante la algarabía levantada entre sus militantes, es decir: Estoy de acuerdo, pero … solo un poquito.

El PP le ha pedido la mano hace pocas fechas y, aunque ambos reculan tímidamente, no dejan de mirarse por encima del abanico, cuestión que la parte más izquierdosa del PSOE, vigila con recelo.

Pero, volviendo al comienzo de esta página: en los pactos, unos ganan y otros pierden. Pero, ¿quién gana y quién pierde en este hipotético, o no tan hipotético pacto PP – PSOE?

El PSOE pierde seguro, porque las bases fieles que todavía creían que su élite mantenía una ideología fundamentalmente de izquierdas, comprobarían que el afán de poder puede ser más fuerte que la fidelidad a la esencia de su cometido y, en ese caso, huirán por la izquierda. Por otro lado ¿qué puede ganar el PSOE?,  sinceramente, como colectivo en sí mismo, no lo sé, pero individualmente, a lo mejor asegurar algún puesto de consejero por aquí y por allá dentro de un sector claramente reconvertido en derecha, por mucho que se empeñen en llamarle “centro”. El centro es una amalgama en dónde cabe todo y al final se convierte en un agujero negro en el que cuela todo.

El PP se reforzará aunque se le vaya por la derecha algún que otro diablillo inconformista, pero, en el pacto, que no quepa duda, el Diablo siempre gana.

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