Cuando los dragones escupen confeti

Sabido es que Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy no son precisamente amigos, en cambio, asistimos, no sin cierta sorna, al ofrecimiento que la Condesa de Bornos y Grande de España hace de su persona al Presidente del Gobierno como candidata a la Alcaldía de Madrid por el PP.

Hay que ver como es la vida y como las personas cambian en función de depende qué cosas. Aguirre anunció a bombo y platillo que renunciaba  a la política en 2012 por motivos personales, volviendo a su puesto de funcionaria en calidad de asesora de la Secretaría de Estado de Turismo, aunque manteniendo su cargo como presidenta del PP en Madrid.

A pesar de ello, no ha dejado de tener un protagonismo activo en la vida pública. Sus espectáculos callejeros y sus chascarrillos despectivos sobre otras figuras de la política, fueran éstos peperos o no, no han dejado ajeno a nadie durante este tiempo y, desde luego, el hecho de que, a pesar de que en 2013 fuera contratada por Seeliger y Conde, una empresa catalana especializada en selección de directivos (cazatalentos, la llamaban) no pareció tener muy buen ojo a la hora de elegir a los figuras que colocó en puestos clave, como Francisco Granados, uno de sus manos derechas (nunca mejor dicho) y hombre fuerte en la Comunidad de Madrid, detenido por su actividad delictiva en la Operación  Púnica, o Jesús Neira, del que Aguirre promovió el nombramiento como presidente del Consejo Asesor del Observatorio contra la Violencia de Género de la Comunidad de Madrid y que más tarde, tras polémicas declaraciones contra miembros de otros partidos políticos y contra la Constitución, fue detenido por conducir ebrio por la autovía M-40. Tuvo que cesarle no sin ciertos problemas, porque Neira se negaba a soltar el sillón y se agarraba a él con uñas y dientes.

Pero volviendo al tema: Aguirre saca ahora su mejor sonrisa y se ofrece a Rajoy, no sabemos si es que cree que su presencia mejoraría la deteriorada imagen de su partido tras la nefasta gestión de Ana Botella o porque, como veterana de la política, es consciente de que se queda fuera del pastel, dado que sus porciones se ven reducidas irremisiblemente en el futuro cercano.

El PP en estos últimos años se ha cubierto de mierda hasta el punto de que hablar de él produce urticaria. Entre su apuesta por el servilismo a banqueros y potencias económicas, privatizando los bienes públicos, agrandando el abismo entre ricos y pobres en España y los casos de corrupción política y económica en los que muy pocos de sus cargos en Comunidades y Ayuntamientos quedan fuera de imputación, permite prever que sus posibilidades de gobernar en 2015, se evaporan.

Aguirre, que hasta ahora se movía en la política con el poder de un dragón, impune a lanzas y críticas dentro y fuera de su partido, siente ahora que necesita cambiar su estrategia para continuar manteniendo su estatus mientras el piso se mueve bajo sus pies. Ahora necesita cambiar el fuego por el confeti.

Esperanza Aguirre tiene sus seguidores, claro que sí, pero también tiene sus oponentes, en este caso al propio Presidente que mantiene en su manga otras candidatas con un currículum mucho menos conflictivo que el de la condesa de Bornos y Grande de España.

En cualquier caso, Aguirre apuesta por la estrategia del confeti cuando actúa en desventaja y se guarda el fuego para otro momento más oportuno. Y es que, los dragones siempre tuvieron fama de listos.

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