La luciérnaga y la serpiente

Una luciérnaga revoloteaba por el campo, cuándo una serpiente la vio y se lanzó tras ella. La luciérnaga huyó lo más rápido que podía agitar sus pequeñas alas, y la serpiente, incansable, continuaba su asedio sin apartar ni un segundo sus ojos del insecto.   Agotada por el esfuerzo y tras varias horas tratando de despistar a la depredadora serpiente, la luciérnaga no pudo más y viendo que su muerte era inminente, decidió posarse en una rama e interrogar a su asesina.

-Ya sé que me vas a devorar- dijo la luciérnaga – Pero antes de morir ¿podrías al menos contestarme a tres preguntas?-

La serpiente, satisfecha y llena de orgullo se incorporó. -No tengo inconveniente, puedes preguntar antes de morir-

-¿Formo yo parte de tu cadena alimenticia?-

-No- contestó la serpiente.

-¿Acaso te he dañado o he hecho algo por lo que debas  odiarme?-

-No- volvió a contestar.

-Entonces ¿por qué me quieres matar?-

La serpiente contestó sin dudar: -Porque no soporto verte brillar-.

(Anónimo)

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Un comentario

  1. Me gusta esta fábula. Muy cierta la frase “la envidia es la madre del resentimiento”. Hasta la felicidad tiene una legión de enemigos invisibles.

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