El Segundo Poder

Cuando escribí en este mismo blog, sobre el dios que reina sobre todos los dioses (véase “Rentabilidad económica VS Rentabilidad social” 21/1/2015) refiriéndome al poder económico que impera en nuestra sociedad, lo definía como el poder de los poderes, es decir: lo que podemos entender como el Primer Poder o el máximo.

Pero para que un poder absoluto mantenga su soberanía con la holgura con la que la viene manteniendo, es porque ha comprendido que no es la fuerza la que conquista el poder. Me explicaré mejor: tomar el poder por la fuerza de las armas o con la fuerza física simplemente, conlleva el riesgo de la rebelión permanente, sufre un desgaste excesivo en el empeño e incluso bajas en sus filas y ha de mantener la presión constante de un ejército costoso. En cambio, el poder auténtico, el total y absoluto, no es aquel que se arrebata, sino aquel que es recibido por quien ha de ejercerlo, por voluntad  expresa de aquellos sobre los que se ejerce. Ese, solo ese es el PODER con mayúsculas. Se puede decir que el poder se entrega por quienes se desposeen de él con voluntad de hacerlo, aunque la consciencia de ese hecho no sea clara o total, pero  no se coge, es imposible cogerlo de aquellos que no te lo permiten, porque el Poder auténtico, no es el poder sobre el plano físico, sino sobre el psíquico y mental.

Por tanto, poseer poder lleva implícito una alta dosis de sutileza que el Primer Poder no siempre lleva consigo y es por eso por lo que precisa, invariablemente, sea cual sea el lugar del mundo al que nos refiramos, de otros tipos de poder menores que complementan la estrategia del Primero para alcanzar con éxito el objetivo.

Hablemos pues del Segundo Poder.

En el siglo XX se inició la era de la comunicación la cual, adentrados ya en el siglo XXI, es innegable precisar que nos resulta difícil, cuando no imposible, vivir sin estar conectados, informados y en constante comunicación entre círculos más cercanos e interrelacionando con otros más  lejanos o muy lejanos.

La información se mete en todos los rincones de nuestra vida. Los medios de comunicación acaparan gran parte de nuestro tiempo. Desde que en nuestras casas precisamos siempre de un hueco para el televisor y para el ordenador u ordenadores, ocupando un espacio privilegiado dentro de la geografía de nuestro hogar, un espacio cómodo para pasar gran parte de nuestras horas diarias sentados frente a cualquiera de sus pantallas, absorbidos por esa necesidad de nutrirnos de imágenes y sonidos que nos despliegan el mundo más allá de la ventana, la llave a nuestras mentes suele estar unida a un mando a distancia.

Desde hace años, todo aquello que no es publicitado o expuesto en los medios de comunicación, puede decirse que no existe. Esto es algo sabido y asumido.

Pero el proceso de comunicación empieza a perturbarse cuando el mensaje o la noticia es contraria a los intereses de cualquier grupo de poder, ya sea público o privado y la historia ha demostrado que en situaciones de crisis, cualquier Gobierno intenta imponer restricciones a la libertad de información.

Aquí se acentúa, pues, una dependencia cognitiva del público con respecto a los medios, tanto desde el punto de vista del “orden del día” de los temas, problemas y argumentos, que están presentes en la agenda de los media, como del “orden de importancia y de prioridad”

Más aún. El sector financiero ha tenido siempre una gran influencia sobre los medios por una doble vía: mediante la contratación de publicidad (los bancos se encuentran entre los principales anunciantes) y la concesión de créditos. La deuda de las grandes empresas de comunicación españolas se disparó en los últimos años y para afrontarla, la banca se incorpora directamente a su capital.

En los consejos de casi todos los grandes medios se sientan directamente consejeros del sector financiero y la simbiosis va en doble dirección: los editores de La Vanguardia y La Razón son a su vez vicepresidentes de CaixaBank y el Banco Sabadell respectivamente.

 En el grupo PRISA, son accionistas importantes, entre otros, Bank of America, Deutsche Bank, BNP Paribas, Berggruen Acquistions Holding LTD y algunos más, sumando entre todos el 25% de su capital, más otro 20% de acciones tras canjearlas por deuda de Caixabank, Banco Santander y HSBC.

En el grupo ZETA, es Caixabank quien supervisa a través de su hombre fuerte en el consejo, Juan Llopart.

En MEDIASET/ TELE 5, controlada por el magnate Silvio Berlusconi, el Consejo de Administración incluye al Banco Santander y Banco Popular.

La mayoría de las grandes emisoras de radio, canales de televisión, diarios y revistas ya están en manos de un puñado de empresas. La ofensiva en curso apunta a internet y a la eliminación de las reglas que prohíben a una misma empresa encontrarse en situación monopólica en un mercado determinado.

Lo cierto es que, la clave del poder, el Primero apoyado y complementado por el Segundo Poder (los medios de comunicación) está en formar, transformar, modelar a la opinión pública y para ello, entre otras estrategias se utiliza la “Agenda Setting”.

Los medios de comunicación ejercen una gran influencia sobre el público al determinar qué historias poseen interés informativo y cuánto espacio e importancia se les da, graduar la importancia de la información que se va a difundir, dándole un orden de prioridad para obtener mayor audiencia, mayor impacto y una determinada conciencia sobre la noticia y del mismo modo, deciden qué temas excluir de la agenda. La teoría de la agenda setting es el resultado experimental de una tesis que, a manera de metáfora, planteó Bernard Cohen en 1963: “los medios informativos, pueden no acertar al decirnos cómo pensar sobre un determinado tema, pero sí cuando nos dicen sobre qué pensar”.

Walter Lippman en su obra “Opinión Pública”, demostró que los medios informativos determinan los mapas cognitivos que nos hacemos del mundo. Principalmente, la información seleccionada por los medios (agenda) influye en la opinión pública y las imágenes que albergamos en nuestras mentes como espectadores o lectores de esas noticias. Para la agenda setting la prensa es mucho más que un simple proveedor de información y opinión, procurando la relevancia o el espacio informativo a temas o cuestiones que los medios eligen. El estudio realizado por McCombs y Shaw en 1972 refiere que la gente considera unos temas más destacados (la agenda del público), que otros en proporción directa con la importancia que le den los medios (la agenda de los medios), es decir: los mass-media son capaces de transferir la relevancia de una noticia en su agenda a la de la sociedad.

El gran papel de la agenda setting para los medios informativos, es identificar los asuntos más importantes del día y excluir lo que no interesa. La gente solo conoce lo que los medios les ofrecen, ignorando por completo cualquier otra noticia y además, dependiendo de la importancia que los medios den a una noticia, así lo hará también su público. En los medios, empezando por las agencias de noticias que las distribuyen, como Europa Press o similares y continuando por cada uno de los medios informativos, el llamado “gatekeeper” o seleccionador de noticias, enjuicia qué temas son interesantes o no, impondrá el titular, la ubicación, el tiempo o espacio, la importancia, etc. Desechará lo que no considera oportuno o adecuado emitir y el resto, acabará en la papelera. Por supuesto, el gatekeeper organizará la agenda en función de su ideología de su sensibilidad o bien por los intereses propios y/o del medio que controla con los siguientes principios:

*Lo que no entra en la agenda de los medios NO existe.

*Los aspectos que seleccionan y en la que ponen su atención los medios afectan la percepción que tiene el público respecto de estos asuntos.

*Por más activa que sea la gente en la búsqueda de información, sus posibilidades se restringen a los datos que les proporcionan los medios masivos.

*Los lectores o receptores difícilmente podrán reflexionar, discutir o analizar los temas omitidos por los medios.

Con la aparición de los grandes grupos mediáticos, la información adquiere un valor de mercancía y deja toda misión cívica en la sociedad, pues está sometida a la ley de la oferta y la demanda. Los anunciantes que invierten su dinero en el medio, son en realidad los dueños de la agenda. El ciudadano no especialista en comunicación, piensa que el negocio de la información consiste en vender información al ciudadano, lo cual es un error, porque el periódico lo que hace es vender a los ciudadanos que compran, los productos anunciados.

Esto es un mecanismo extremadamente peligroso, porque conduce a la destrucción de la calidad de la información y por consiguiente a la destrucción de la democracia, puesto que solo los ciudadanos bien informados pueden participar en el debate democrático.

Según el Catedrático de Teoría de la Comunicación, Ignacio Ramonet, “Si tuviéramos que establecer una jerarquía de los poderes, diríamos que en el mundo de la globalización, los empresarios mandan, los dirigentes políticos obedecen, gobiernan las empresas y administran los políticos, de ahí que el perímetro de la democracia se ha limitado, se ha reducido.

El segundo poder es el poder mediático: el político solo llega en tercer lugar, solo tiene espacio en la medida en que sirve y favorece la expansión de los dos primeros poderes. Los medios han alcanzado una posición dominante, como no podían soñar”.

El auge de internet y la profusión de nuevas aplicaciones en el campo digital, sugieren perspectivas alternativas en materia periodística. Pero la ola de concentraciones en manos privadas de los medios, al mismo tiempo que empobrece la vida cultural de la nación, amenaza con cubrir la variedad de opiniones e ideas que se observa en la sociedad.

Las redes sociales permiten el mayor estadio de interactividad posible. No sólo existe una comunicación bidireccional, sino múltiple, permitiendo que las opiniones y los sucesos sean compartidos de forma instantánea sin que medie filtro alguno, sin más restricciones que las que cada cual se quiera imponer a sí mismo, pero, cuidado, porque todo es susceptible de manipulación.

Pongamos por ejemplo el debate sobre el TTIP.

Un 69% de los españoles no conoce ni ha escuchado hablar del Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP) que Europa y Estados Unidos están negociando; el grupo de edad que declara desconocer este tratado en menor medida es el de las personas entre 55 y 64 años (63.8%).

Prácticamente todos los medios de comunicación españoles ha ninguneado la información sobre este tema a pesar de la enormidad de su relevancia. En concreto, el diario Información de Alicante, el de mayor tirada de la provincia, ha desechado todo artículo referente al TTIP desde que se conocen los acuerdos secretos hasta la misma fecha de hoy, privando a los ciudadanos de la información obligada que debiera, como medio informativo, aportar en pos del derecho a conocer y por tanto a decidir libremente su población. Simplemente la han excluido de sus agendas a diferencia del resto de Europa, cuyos ciudadanos han podido informarse, opinar y presionar a sus gobiernos en contra de la firma del tratado.

En nuestro país tan solo en medios alternativos o muy vinculados con la izquierda (a la izquierda del PSOE, claro está, puesto que esta formación política apoyaba el TTIP) y a través de las redes sociales, se han ido filtrando las informaciones relativas a esta cuestión de máxima trascendencia.

No ha sido sino después de la presión de los ciudadanos y ciudadanas europeos bien informados por medios poco o nada influenciados por los intereses políticos y comerciales, que se ha paralizado su firma y se han cuestionado los artículos más polémicos que nos dejarían a merced de ese Primer Poder, amparado por el Segundo y más peligroso Poder: el que doblega, o no, nuestras mentes.

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2 comentarios

  1. Tienes una excelente perspectiva del poder, de las mejores que he leído…

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  2. Gracias Cisma. Hace mucho que me convencí de que todos tenemos el poder sobre nosotros mismos hasta que lo cedemos. No es verdad que nos lo quiten, es una rendición. Ser conscientes de eso nos ayuda a empoderarnos, que es, como seguro que ya sabes, un poder diferente, no el poder SOBRE los demás, sobre el entorno o sobre las cosas, es el poder DE hacer, transmutar, reinventar, evolucionar y mejorar. Un abrazo.

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