El dedo índice: homenaje a su labor social y otros reconocimientos

Señoras y señores, el cuerpo humano es una obra perfecta (más en unos que en otros). El cuerpo humano puede ser variopinto en sus formas, en su color, en su textura, volumen, etc… sin embargo, seas alto o bajo, gordo o flaco, blanco o negro, hombre o mujer, hay algo en él comparativamente pequeño con la mayor parte de sus miembros y en cambio, es grande en cuanto a la incidencia que tiene en nuestras vidas. Él es EL DEDO ÍNDICE.

Miremos detenidamente una de nuestras manos. Cada uno de nuestros dedos tiene personalidad propia. Vamos a analizar a continuación las características pormenorizadas de los dedos de nuestra mano, no sin antes dejar patente que en ella, como en casi todas las cosas de la vida, existen dos bandos:

Observemos pues el dedo meñique. Éste es un dedo frágil, casi desnutrido, es canijo e incluso un poco cursi, sobre todo cuanto está estirado.

Su compañero, el anular, tiene generalmente aires de grandeza, es un presuntuoso, le suelen gustar las joyas, es un lánguido y suele cotillear mucho con el dedo meñique del resto de los dedos, creen que son los más elegantes. Estos dos dedos son los que forman el primer bando.

El dedo corazón es un buen elemento, como indica su nombre, es un dedo que está siempre en medio, evitando así que se peguen los dos bandos. Es un dedo conciliador, con muy poca movilidad dada la enorme responsabilidad que tiene en el ámbito de la mano, es un dedo, por llamarle de alguna manera, “bisagra”, ni es de aquí, ni es de allá. Él coordina y hace posible la convivencia pacífica, sin él, cada dedo se iría para un lado, aunque cuando se le hinchan las narices también tiene su genio.

Pasemos ahora al segundo bando.

El dedo pulgar es un gordito simpático, independiente, ágil, bromista, aventurero. Es el mejor amigo de nuestro protagonista, el dedo índice. Siempre se está metiendo con el meñique, se llevan a matar. Acuérdense de la historia por todos conocida: “Éste pidió un huevo, éste lo cogió, éste lo frió, éste le puso la sal y éste se lo comió” ¿Quién lo pidió? el meñique, que es tonto, ¿quién se lo comió? el pulgar, que es un pillo y ¿quién le puso la sal? ¡coño! pues su amigo el índice ¿o no es un detalle?.

El índice es el dedo por excelencia, el más genial de todos, el dedo líder. Todos se encojen cuando él se levanta, excepto su amigo, que para eso es su amigo y no tiene ninguna necesidad. Pero antes de adentrarnos en la personalidad de éste excepcional dedo, es indispensable conocer cuál es un relación en el día a día con el resto de sus compañeros de mano, sólo por corroborar mi teoría sobre los dos bandos.

El índice y el pulgar son, juntos, como niños.

Con el dedo corazón (que acostumbra a apoyarle como un hermano mayor) acentúa su éxito.

Con el anular en solitario, puede decirse que ni se lleva, apenas se soportan unos segundos.

Finalmente, con el meñique las relaciones son sencillamente nefastas. Comprobadlo sin más.

Pero, en fin, centrémonos ahora en resaltar la indispensabilidad en nuestra comunicación de éste dedo fabuloso.

Como decíamos al principio, el dedo índice es un dedo líder, autoritario, acusador, orientativo, desdeñoso, pero también puede ser seductor, despistado, cochino e incluso insolente.

Pero al margen de los pequeños detalles de la vida cotidiana, el dedo índice tiene una incidencia destacable en prácticamente todos los terrenos. En casi todos aquellos campos que conforman nuestra sociedad, por ejemplo: ¿cuántos miles de personas no saben escribir a máquina? Infinidad, pensareis vosotros. ¿Cuántas personas se atreverían, en cambio, a escribir a máquina con un solo dedo? ¡todas! ¿y con qué dedo queridas y queridos míos? ¡con el índice, por supuesto!

Se acabaron los complejos, gracias a este dedo benefactor, todo el mundo sabe escribir a máquina. La rapidez depende de la mente del sujeto, no del dedo, él es diligente y certero con la tecla.

Claro –pensaréis- pero hay cosas más importantes que hacer por la humanidad. En efecto. Y también está ahí presente nuestro amigo el dedo índice. ¿Cómo vamos a olvidarnos de la ciencia médica? El índice es un excelente auxiliar de clínica, porque, a quién se le ocurriría ponerse un supositorio si no es con el dedo índice ¿os lo pondríais acaso con el tonto del meñique, o con el inútil del anular? con el dedo corazón resultaría soez ¿os lo pondríais con el gordo? ¡No! Lo hacéis con el más delicado y cariñoso de los enfermeros: con el índice.

En meteorología, por citar alguna otra ciencia, el hombre del tiempo se puede equivocar y alertarnos de borrascas cuando no las hay, en cambio, el dedo índice, con una ligera chupadita, nos indica por donde sopla el viento con una exactitud sorprendente.

Y ya que hablamos de ciencia, no nos olvidemos de las ciencias ocultas. Veamos, ¿habéis oído hablar del cuerpo astral? ¿Ese que sale del cuerpo físico y puede viajar por el espacio e incluso visitar países lejanos? Pues bien, todas esas fantásticas experiencias, tan solo vividas por muy pocos mortales, esa posibilidad la tenemos en la punta de un dedo. Pensad y recordad ese mensaje no siempre tomado en consideración que nos lo dice todo: “Súbete aquí y verás París”. ¿Acaso podemos ver París subiéndonos a algún otro sitio que no sea el propio París, por muy despejado que esté el día? No. Rotundamente, no. Sin embargo, también el dedo índice nos lo posibilita.

¿Y que me decís del mundo de la cultura? Cuando abrimos un libro ¿qué es lo primero que consultamos? ¿el prólogo, el epílogo? No, consultamos el índice. ¡Porque le han puesto su nombre! ¡Sí! ¡Es el padre de la cultura! ¿Cómo aprende un niño a leer? Con el dedo índice. ¿Cómo seguimos los adultos muchas veces la lectura de un texto? Indiscutiblemente con el dedo índice. Porque es un reflejo ancestral, nuestro índice nos guía, nos encauza por ríos de líneas y nos lleva finalmente hasta el punto y aparte.

Y ya metidos en arte, como colofón final, hemos de recordar, obligatoriamente, el gran homenaje que el propio Miguel Ángel hizo al coloso de los dedos. Éste gran genio de la pintura plasmó para regocijo de las generaciones venidas y por venir, el gran Dedo de Dios en la Capilla Sixtina. Ese dedo admirado e inmortal, no era otro que su dedo índice. Si tenéis ocasión fijaos como el resto de los dedos se inclinan, se arrodillan humildemente ante su grandiosidad. ¡Bravo y mil veces bravo por el dedo índice!.

Muchas gracias.in corin pulcorin meñpul

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3 comentarios

  1. Genial, Maru.

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  2. El índices de mi termómetro marca temperatura máxima. ¡Genial!

    Le gusta a 1 persona

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