Asesinos

Vivimos en un mundo en el que la globalización comercial es un hecho de difícil recesión y los flujos financieros pueden circular libremente por un mundo sin fronteras,  pero no las personas.

Vivimos en un mundo en el que la tecnología ha avanzado hasta límites que hace tan solo cincuenta años eran inimaginables y en cambio, tan solo una mínima parte es utilizada para mejorar la vida de los ciudadanos del planeta, la mayor parte se destina al control y la represión de los pueblos.

Vivimos en un mundo extraño, donde una minoría de mentes crueles dominan sin parangón a una mayoría de seres impotentes y desposeídos.

La delincuencia, el crimen, la maldad, no son nuevos, ya lo sé. La crueldad y el poder han estado siempre asociados, precisamente porque es el poder el que controla al resto, pero nadie controla al poder. En estos tiempos en los que la palabra “democracia” se la considera un estandarte en nuestra forma de vida y un objetivo a conquistar por cientos de pueblos, una vez instaurada en los países, no deja de ser una mera palabra similar al rey: solo para ensalzarla y enseñarla en los grandes eventos y vuelta a la estantería una vez que se cierra el telón.

Vivimos en un mundo en el que pocos se plantean el fondo de las cosas, donde no existe un análisis de las acciones de quienes ordenan en cada momento el giro del destino de sus semejantes, que se manejan con palabras vanas, frases rimbombantes y entonaciones previstas para arrancar el aplauso. Porque la gente no escucha las palabras, las frases vacías, solo los tonos, como los perros. Se podrían estar cagando en nuestra puta madre y acabar diciendo “por el bien de la patria” y las masas aplaudirían igual con lágrimas en los ojos.

Y no me estoy pasando.

Es lo que veo, es la verdad, es lo que escucho cada día.

Me pregunto si no habrán inventado un gas del atontamiento que al inhalarlo, la gente caiga en la languidez y en el olvido de las cosas que ocurren a su alrededor. Será por eso que, llegando a las puertas de las próximas elecciones generales, las encuestas acusen la predicción de un nuevo y arrollador éxito de este gobierno de payasos indecentes.

Reflexiono también sobre la sancionabilidad de determinados hechos. Por ejemplo: yo voy con mi vehículo por la carretera y de repente ante mí, se produce un accidente y observo como quedan atrapadas varias personas heridas dentro de los vehículos accidentados, pero yo paso de largo, no paro, no aviso a la policía, ni a nadie, solo miro y sigo mi camino. Al día siguiente leo el periódico y constato que los heridos acabaron muertos por inasistencia de auxilio. ¿Qué diríais que soy? Porque yo tengo una palabra para eso: Asesina, sería una asesina.

Ahora veámoslo de otro modo: Cientos de personas, niños incluidos, atraviesan el mar huyendo de la guerra, no saben nadar, no llevan chalecos salvavidas y cuando los llevan, no siempre son de verdad, no son impermeables y les arrastran al fondo del mar cuando se mojan, pero pagaron todo lo que tenían por ellos. Muchas de esas barcas rudimentarias acaban naufragando, otras, son atacadas por grupos nazis que gozan de toda la impunidad y casi siempre logran hundirlas. Mueren como moscas. Pero nuestro flamante gobierno niega el permiso para que dos barcos con capacidad para 1100 personas cada uno, salga al encuentro de los náufragos y deja que vayan muriendo en las aguas heladas. ¿Qué diríais que son? Porque yo sigo teniendo una palabra para eso: Asesinos.

Mientras tanto, siguen debatiendo en grandes salones si tú te llevas más y yo menos o al revés. Les llegan las noticias, como a todos, pero no les cambia la mueca de indiferencia, preocupados como están en asegurarse cuatro años más de legislatura, engordando el bolsillo propio y el de sus allegados en detrimento del resto de la ciudadanía que empobrece, para que unos pocos aumenten sus ingresos en España y ya de paso, en otro países, que para eso hay libertad de tránsito económico.

Pero fijaos, las encuestas predicen de nuevo su éxito. La gente sigue inhalando el gas del atontamiento y de la amnesia y sonríe mientras le vaticinan grandes desastres si no ejercen el acto democrático de meter en la urna la papeleta de quienes conocen el crimen de cerca, porque lo practican a diario. Ahí se acabará la democracia, en votar cada cuatro años.

Asesinos, no sé durante cuánto tiempo seguiréis gobernando, a lo mejor para siempre… o no. Solo hasta que este pueblo despierte de verdad y deje de inhalar vuestro gas emponzoñado de prejuicios, de miedo, de cobardía… solo hasta entonces y posiblemente jamás lo alcance a ver. Le pido a la vida que aún así, llegue algún día.

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2 comentarios

  1. Y lo peor es que no surge ninguna alternativa que al menos aparente que vale la pena y nos haga sentir esperanzas de que algo puede cambiar.
    Los nuevos “líderes” y “partidos” que han aparecido en los últimos tiempos en España son tan patéticos y demagogos como los anteriores. Los que ganaron las elecciones se están dedicando a hacer tonterías que piensan que le gustan a sus votantes, en vez de demostrar que son estadistas con capacidad para planificar y liderar el cambio necesario. A lo mejor por eso es que la gente está decepcionada y no sabe que camino tomar y a quien votar.
    Se han perdido los valores, la honestidad, el altruismo, la disciplina, el deseo y el orgullo de servir a la patria y a la humanidad, y así no vamos a ninguna parte.

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  2. No te pasas ni un pelo, cierto. No hay más que una solución, que los sumisos nos volvamos asesinos por un tiempo, somos mayoría. Esta guerra solo se gana trasladando el dolor a las carnes que nunca sufren.

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