¿Felices fiestas? ¿Feliz Navidad?

Todos nos deseamos felicidad, es una declaración de buenas intenciones, si. Pero, ¿de verdad os lo creéis? Aparte de que nos podamos desear (todo el año) una buena dosis de felicidad personal, familiar, etc. me pregunto si de verdad podemos serlo palmoteando alrededor de un árbol cortado ( o no, da igual) y de una maqueta simulando el nacimiento de un niño pobre en un lejano lugar llamado Belén, que ni siquiera es cierto.

La realidad a la que damos la espalda para poder ser felices y ponernos hasta las trancas de comer y de beber como si no hubiera un mañana, es bien diferente. Estas son unas fiestas tristes por embusteras, por hipócritas, por serviles y consumistas, por insolidarias (porque cuando la solidaridad solo se aplica una semana al año porque “toca”, es una mierda).

No me gusta la Navidad, me toca las narices las comidas familiares obligadas, me niego a comprar de forma diferente a como lo hago el resto del año, no adorno mi casa con gilipolleces, mis hijas ya son mayores y no lo necesitan. Me avergüenzo de mi propia impotencia para cambiar la infelicidad que nos rodea.

Aún así, amigos y amigas, sed todo lo felices que podáis, pero compartirlo, por favor. Todo el año, todos los años, toda la vida y sigamos clamando ante la injusticia y el dolor ante el que parece que nos hemos insensibilizado.

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2 comentarios

  1. Lo que dices es cierto, como son ciertas otras muchas cosas que no gustan pero que tampoco nos impiden seguir viviendo, la lista para estar tristes es mayor que la de estar alegres, pero es muy inteligente engañarnos una vez al año (como mínimo) Yo tampoco distingo estas fechas de ninguna manera y el único gasto que tengo a mayores es la puñetera lotería de Navidad, ya ves, el día que toque será maravillosa para siempre.

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  2. Ya lo se, Antonio, ya lo se. Pero no sabes como me jode ver como esta Europa tan cristiana adora, acanta y tira la casa por la ventana ante un niño de barro o de madera, mientras cierra la puerta y deja morir de hambre, de frío, ahogados en el agua helada del mar de diciembre a cientos y cientos de niños y niñas de carne y hueso, a personas que solo quieren un lugar para vivir en paz, esa paz a la que aluden los villancicos y que parece que solo nosotros tenemos derecho a ella. Cada día lo soporto menos.

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