Política bipolar

Empieza a preocuparme la salud psicológica de nuestros diputados y diputadas. Tanta tensión, tanta responsabilidad y tanta noche de vigilia tratando de llegar a acuerdos difíciles e incluso imposibles, les está generando serias crisis de bipolaridad, ese trastorno patológico por el que el enfermo alterna episodios depresivos con otros eufóricos sin razón aparente, así, a bocajarro, cuando nadie se lo espera, descolocando a todo el que les rodea.

Es una patología psiquiátrica que en principio dicen que no es vírica, pero parece francamente contagiosa hasta el punto de que los cada vez más afectados congresistas, deberían mirárselo e incluso considerar medicarse.

Tal es el grado al que están afectándose sus señorías, que durante estos pasados días hemos asistido a debates que ya están derivando en algo parecido a esto:

“El planteamiento que usted ha expuesto, pedazo de zoquete, no sólo me repugna, sino que estoy por bajar a besar sus dulces labios.”

“No me hable usted así, o me veré obligado a romperle una silla en la espalda, mi amor”

“Miente usted como un cabrón, pero le quiero apasionadamente”

“No vivo sin su presencia y aquí está mi mano tendida para partirle a usted la cara, hijo de puta.”

“Vomito cuando le escucho, cariño mío.”

“Mis brazos siempre estarán abiertos para recibirle a usted y cuidadín, no vaya a tener un accidente.”

En fin, serán solo apreciaciones mías, pero es que una ya no sabe si los distintos grupos y portavoces parlamentarios se odian o se quieren. Lo mismo se muerden el cuello y no precisamente con erótica intención, que se ofrecen generosamente la mano.

Está claro que la política y manida es la frase, ofrece extraños compañeros de cama y, como las putas, se pliegan a la compañía aunque ésta no sea grata, con el único aliciente de la consecución de un objetivo, sea éste económico, social, de imagen o de cualquier índole que beneficie en mayor o menor medida a los forzados copuladores.

Las contradicciones se mezclan en el subconsciente de los oradores y de sus grupos de apoyo provocando, entre lo que dicen y lo que sienten, esos lapsus y esos calentones, que les arrastran a la bipolaridad en términos expresivos.

Las posiciones de partida

El Psoe quiere gobernar en solitario con tan solo 90 diputados y quiere convencer a la ciudadanía y a sus representantes de que las matemáticas tradicionales han sido erróneas durante toda la historia y hasta nuestros días en el que se han descubierto que 130 es un número mayor que 161; que 90 + 40 suman más que 90 + 71 y exige que los 350 miembros del Parlamento y más aún, la ciudadanía española, se rinda ante la nueva verdad aritmética candidata al Nobel de Matemáticas del próximo año. ¿Y cómo argumenta? Pues así:

Amo y por tanto me uno a Ciudadanos, que a su vez ama y pretende unirse al Pepé al que yo odio y con el que no quiero nada, pero tampoco quiero cuentas con Podemos, PNV y todo lo que huela a catalán, aunque les pido su amor incondicional mediante un cheque al portador en señal de confianza por todo aquello que nos une, aunque no quiero que se me acerquen. El pueblo ha pedido cambio y por eso yo os pido todo el apoyo para continuar con la alternancia de toda la vida, pues sabido es que ahora le toca gobernar al Psoe (cuatro años cada uno como dios manda) con el apoyo de la derecha, como siempre, el cambio, vamos, el cambio… de turno.

En fin, si no es de diván de psiquiatra que alguien me lo explique.

Por otro lado el candidato en lista de espera: Rajoy, no se queda corto y argumenta también en plena fiebre bipolar:

Usted, Sr. Sánchez (o Ruiz, no sé) y los que te apoyan, sois unos miserables mezquinos. No te quiero ver ni en pintura, tu sola presencia me inflama las meninges y ese tonto de los cojones de Rivera, haciéndole el coro como el pelota de la clase a ver si pilla, le odio tanto que hasta le ignoro, pero vuelvo a reiterarle a usted que mis puertas están abiertas y mi pecho presto para recibirle y formar entre ustedes y nosotros la santa alianza que presidiré entre laureles y vítores de la Troika, la cual aplaudirá hasta que se le caigan las uñas.

¿Y Albert Rivera? Bueno ese intentado hacer de “Celestina” o de “mamporrero” que las dos cosas valen, para posicionarse tal que así:

Hemos pactado con el Psoe, con el cual ya dijimos que no apoyaríamos ni muertos, porque así nos lo exigen nuestros jefes, las empresas más ricas e influyentes del país, pero que conste que cada párrafo está medido para que no se salgan de la pauta económica que nos han marcado y si éste pobre necesitado, que es Sánchez, quiere interpretar cada punto de una manera diferente, allá películas, lo firmado, firmado está y va a misa. Ahora queda la segunda parte del plan maestro: unir en santo matrimonio a este tonto del culo con los corruptos del Pepé y habremos ganado la gloria. Lo que pasa es que, aunque corruptos, son carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre ideológicamente hablando, claro, y nos necesitamos como la alondra a la mañana, pero cambiad de candidato, por favor, que así se nota menos.

En cal viva

Y ya por último el joven y apasionado Iglesias, que se le calienta la boca y la caga porque, insisto, necesita que alguien le dé un pellizco en el culo de vez en cuando para recordarle que, por mucha rabia que dé, en según qué momentos hay que morderse la lengua, aunque lo que pienses sea una verdad como un castillo.

Cada intervención aleja el objetivo más y más. En lo referente a Felipe González, es tan verdad como que existe el Sol. El señor X, como así se le denominó, gobernaba cuando su Ministro de Interior, José Barrionuevo, en julio de 1998 fue condenado por la Sala Segunda del Tribunal Supremo a diez años de prisión y doce de inhabilitación absoluta por el secuestro del ciudadano hispano-francés Segundo Marey, reivindicado por la organización terrorista paramilitar GAL, y por el delito de malversación de caudales públicos. Dicha sentencia fue ratificada en 2001 por el Tribunal Constitucional, que confirmó que tanto Barrionuevo como Rafael Vera, impulsaron y financiaron las acciones de los GAL.

Los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL) fueron agrupaciones parapoliciales que practicaron lo que se ha denominado terrorismo de Estado o «guerra sucia » contra la organización terrorista ETA y su entorno. Estuvieron activos entre 1983 y 1987, durante los primeros años de los gobiernos de Felipe González. Durante el proceso judicial contra esta organización fue probado que fue financiada por altos funcionarios del Ministerio del Interior.

Aunque decían combatir a ETA y «los intereses franceses en Europa», a estos últimos por responsabilizar a Francia de «acoger y permitir actuar a los terroristas en su territorio impunemente», también realizaron acciones indiscriminadas debido a las cuales fallecieron ciudadanos franceses sin adscripción política conocida.

En el año 1981 José Antonio Lasa Aróstegui y José Ignacio Zabala Artano, ambos de 18 años, pertenecían a la banda terrorista ETA. El 15 de octubre de ese año Lasa y Zabala fueron secuestrados en Bayona (Francia) por miembros del GAL. Fueron retenidos en el cuartel de la Guardia Civil de Intxaurrondo . Siguiendo instrucciones del general Galindo, los llevaron al palacio de La Cumbre, en San Sebastián, donde fueron torturados. A la vista del estado en que quedaron, el general Galindo, con el conocimiento del gobernador civil Julen Elgorriaga y del teniente-coronel Ángel Vaquero, ordenó su asesinato y desaparición. Los guardias civiles Enrique Dorado y Felipe Bayo les llevaron a Busot, (Alicante) cavaron una fosa y el primero les disparó tres tiros en la cabeza. Después los enterraron cubiertos con cal viva.

En enero de 1985 fueron hallados sus restos, pero permanecieron sin identificar hasta 1995, a pesar de que ya en la primera autopsia de 1985 mostraran signos de haber sido torturados, según Francisco Etxeverría, uno de los máximos expertos en medicina forense y profesor del Instituto de Criminología de la Universidad del País Vasco.

No tuvieron juicio, solo torturados hasta la muerte y hechos desaparecer en cal viva aquí mismo, en Alicante, a pocos kilómetros de mi casa.

Pretender todo el Psoe y el sinvergüenza de Felipe González, que esos crímenes, cometidos por hombres a sus órdenes como Presidente del Gobierno de aquellos años, no fueron responsabilidad suya, es lo mismo que decir que toda la corrupción del Pepé de ahora no es responsabilidad de nadie, ni de Rajoy, ni de Esperanza Aguirre, ni de Rita Barberá y lo podemos extender a cualquier barbaridad histórica dentro y fuera de España.

El problema no es que Pablo Iglesias diga en el hemiciclo verdades como puños, el problema es que no era el sitio ni el momento para decirlo. Tampoco es que yo crea que callar eso y otras cosas que ya he criticado en otros artículos, por la inoportunidad de los comentarios o de las declaraciones y la falta de tacto de Iglesias, fueran a cambiar los resultados de las posibles o imposibles alianzas entre las fuerzas políticas actuales para conformar un gobierno de cambio y progreso. En realidad, el resultado sería el mismo, puesto que las posiciones llegan ya marcadas y blindadas por el Psoe antes de entrar al Congreso de Diputados y lo están, precisamente, por orden de Felipe González que continúa siendo el Secretario General del Psoe de facto, pero no resulta igual ante la ciudadanía que es, al fin y al cabo, quien debe juzgar y decidir sobre quién le representa y gobierna en su nombre.

Podríamos decir que los calentones de Iglesias le ponen “a huevo” al Psoe un recambio de caras nuevas para una continuidad en políticas viejas.

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Un comentario

  1. Bravo, Maru, de cal y arena. Cierto que Iglesias no sabe elegir el momento y lugar ¿o sí?, pero lo que sale por su boca son verdades como puños, eso es lo que jode, no el rollo de las formas y demás coyunturas. Desde luego a él y a su formación no lo respeta nadie, ningún opositor, con él no hay miramientos, ni formas ni momentos, es pasto del insulto y las mentiras, del vilipendio contínuo pero molesta que diga cualquier cosa. No me parece mal que se defienda como un Felipe González y Alfonso Guerra juntos de aquella época, a este no le callan la boca y eso que es bastante más respetuoso que la mayoría, por lo menos que el impresentable de Sánchez que no tuvo la decencia (ni el valor) de mirar a la cara a Iglesias ni un solo minuto de sus intervenciones en la parodia de la no investidura, es una cuestión de conciencias.

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