Política: Compromiso, oficio o negocio?

Me considero una forofa de la política y además, pienso que es algo en lo que la ciudadanía en general debiera participar mucho más. La política es para mí un compromiso y una obligación como ciudadana, como parte de una sociedad activa y democrática. Pero, es más, también considero que la política forma parte ineludible de nuestra responsabilidad como parte de ésta sociedad en la que vivimos, o dicho de otra manera: somos corresponsables de todas y cada una de las decisiones que se toman y aplican sobre nuestras vidas a nivel político. Y no nos engañemos, por si alguien aún no se ha enterado, la política es TODO.

El problema es de qué forma encasillamos la actividad política en el complejo mundo en el que se han convertido los partidos políticos, principales responsables de desarrollar institucionalmente esa actividad. Me temo que tanto en la mente de la ciudadanía como en la mente grupal de los militantes de los distintos partidos, el instrumento se ha convertido en un fin en sí mismo y de ahí proviene gran parte del encanallamiento de la vida política en éste y otros países.

Me explicaré más claramente: hace pocas fechas, Julio Anguita, una de la pocas personas que aún admiro, dijo algo con lo que me identifiqué inmediatamente, una conclusión a la que debieran llegar la mayor parte de los militantes de izquierda sin son de verdad honestos y creen, de verdad, en que el objetivo de una sociedad mejor y más justa va más allá de nosotros mismos.

A raíz de las tensiones internas dentro de Izquierda Unida por la coalición con Podemos ante las próximas elecciones generales del 26 de junio, dijo Anguita: “Si el PCE desaparece porque el objetivo de cambiar el país se ha conseguido, bendita muerte”.

Qué pena que tan poca gente tenga una visión tan clara de lo que significa luchar por un ideal como lo tiene Julio Anguita y qué pena que esa gente milite en partidos que se denominan de izquierda.

Los partidos fueron creados como un instrumento para lograr un fin: una sociedad determinada, acorde con el ideario que dio vida a ese partido, sea el que sea. Desgraciadamente, los partidos políticos (las personas que los componen, por supuesto, las siglas no son nada) han ido desarrollando su actividad a través de los años hasta olvidar ese principio fundamental y convirtiéndose (el partido) en un fin en sí mismo: la supervivencia del partido por encima de la consecución de su objetivo.

Le ha ocurrido al Psoe y también a Izquierda Unida, de ahí esas tensiones que encanallan su vida y dividen a su gente ante la perplejidad del resto de la ciudadanía que observa como vuelan los trastos disputándose la sigla y la silla, mientras que los verdaderos problemas sociales continúan esperando al borde del camino.

Lo malo de convertir la política en un oficio, es que se termina dependiendo de él para llenar el plato, a veces para llenar más que el plato y eso, una vez enquistado en el sentir general, es difícil de arrancar sin hacer sangre. La política como oficio acaba convirtiéndose en la política como negocio. Deja de ser un compromiso a largo plazo para acabar siendo una necesidad a corto plazo y es por eso que ningún político, salvo excepciones honrosísimas, se jubila jamás.

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Un comentario

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