Entrevista al Ángel Marcelo

El teléfono de la redacción sonó y una eficiente secretaria respondió al insistente timbre del aparato.

-Diario Público, dígame

-Buenos días, señorita, necesito hablar urgentemente con el director, tengo una exclusiva para ustedes que será un bombazo.

-Enseguida le paso, dígame su nombre, por favor.

-Soy el ángel Marcelo

-Y yo la Virgen María –contestó la secretaria con sorna

-No, No. ¡Que esto es serio, señorita! Soy de verdad, el Ángel Marcelo, el Ángel de la Guarda del ministro Fernández Díaz.

-Bien – respondió no muy convencida la chica –le paso de todos modos.

Unos segundo de música durante la espera y pronto la cita personal quedó acordada para dos horas más tarde.

El director de Diario Público recibió a Marcelo con un apretón de manos y le indicó que ocupara un asiento frente a él sin poder evitar hacer mención a la extraña indumentaria del visitante.

-¡Pero, por amor de dios! ¡cómo me viene usted envuelto en esa gabardina con este calor!

-Qué quiere que le diga –respondió Marcelo –Quería pasar desapercibido

-Pues créame que lo hubiera conseguido mejor con una camisa estampada y unas chanclas de goma.

-Disculpe, pero es que yo no siento ni frío ni calor, soy un ángel.

-Pues mira –observó el director –no crea que se diferencia mucho de otros que no lo son

-¿Porque tienen estropeado el termostato dérmico? –preguntó Marcelo

-El dérmico no, el ético –se apresuró a aclarar el director de  Diario Público  –pero, vamos al tema. ¿Qué le trae a usted por aquí? No es frecuente que nos visiten los ángeles de la guarda de nadie y menos de los ministros.

Marcelo sacó una grabadora súper moderna y la puso en medio de la mesa.

-Le traigo la grabación de una entrevista entre el Ministro de Interior y el Jefe de la Oficina Antifraude de Cataluña. Escuchará claramente como acuerdan escarbar en la vida de determinados políticos de tendencia independentista e incluso de familiares cercanos para tratar de sembrar dudas sobre su honestidad, incluso hablan de filtrar esas sospechas a la prensa en el momento político que el ministro estime oportuno y más conveniente para el Gobierno..

-¡Hostia puta! –exclamó el director tomando ávidamente la grabadora y pulsando el botón. Ambos escucharon la conversación hasta el final, mientras el director de  Diario Público abría la boca más y más conforme se explicitaba el contenido de aquella conversación grabada. No había duda, la tendenciosidad de las intenciones ministeriales eran más propias de la Cosa Nostra que de un gobierno democrático. Sin duda alguna, era una información que había que publicar cuanto antes. En plenas elecciones generales había que adelantarse a los turbios manejos de un poder empecinado en machacar a los adversarios políticos a costa de lo que fuera, incluso a la guerra sucia con tal de ganar.

-¿Alguien más conoce esta información? Preguntó el director ansioso y sin soltar la grabadora.

-No. En aquel despacho solo estábamos el Ministro Fernández, el Jefe de la Oficina Antifraude, Daniel de Alfonso y yo.

-¿No teme que el ministro sospeche de usted cuando salte a la opinión pública la noticia?

Marcelo se encogió de hombros. –Me la trae al fresco – respondió.

-Pero hombre, no se lo tome como un reproche, pero, como Ángel de la Guarda le debería mostrar cierta fidelidad…

-¡Ni fidelidad ni leches! ¡Me tiene hasta la coronilla! No sabe usted, señor director, lo difícil que me resulta aguantarle las gilipolleces a ese señor y a sus amigos.

-¿Se refiere, por ejemplo al Sr. Presidente del Gobierno?

-Por ejemplo a ese, al lelo, al lelo.

-¿Debo suponer y no es que me entrometa, que esta filtración es un acto de venganza?

-Supóngalo si quiere, yo tengo mis razones.

-¡Joder, como está el Cielo!

-No lo sabe usted bien

-¿Y dios qué dice?

-Nada. Ese igual que aquí abajo, mira y firma lo que le pongan delante.

-¿Cómo el rey?

-Mísmamente, un trono es un trono.

-O sea, que lo de “vivir a cuerpo de rey” y “vivir como Dios”…

-Ya ve usted, la misma cosa es.

-Y puestos a preguntar –insistió el director entornado los ojos – ¿qué dice de todo esto el Diablo?

-¿Ese? –Marcelo se reclino en la silla resoplando -¡Pfffff! Pues nada, ¿qué va a decir? Tampoco se mete mucho.

-¿Quiere decir que no discute con Dios? ¿Qué no libran sangrientas batallas entre el Bien y el Mal?

Marcelo soltó una carcajada. – No hombre, no. ¡Menudas paellas se meten entre pecho y espalda los domingos!

El director abrió los ojos asombrado -¿Cómo? ¿Qué se van juntos de paella?

-¡Y tanto! Oiga, que a Dios las paellas le salen divinas.

-Me decepcionaría lo contrario, pero, me deja usted a cuadros. ¿Quiere decir que Dios y el Diablo se llevan bien?

-Se llevan de puta madre, de lo contrario y después de tantos siglos ya se habrían destruido el uno al otro ¿no le parece?

-¡Y tanto que me parece! ¡Aquí volviéndonos locos conflicto tras conflicto y allí arriba de paellas!

-Eso, eso y los subalternos como yo comiéndonos el marrón, con lo bien que estaría yo tocando la lira en el paraíso.

-Cómo le comprendo a usted, Marcelo y cuánto le agradezco su colaboración.

-De nada, hombre. Los pringaos estamos para ayudarnos.

-Así nos va.

-¡Je, je, así nos va!

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