Reflexionando

Reflexiono, pero no porque lo exija la jornada previa a los comicios electorales, sino porque es algo que suelo hacer con cierta frecuencia.

No tengo nada que reflexionar en cuanto a la elección de la papeleta que introduciré mañana en la urna, es más, no creo que nadie tenga a estas alturas ninguna duda sobre la que elegirá en esa jornada dominguera. Me atrevo a decir, que todos y cada uno de los electores sabe lo que va a votar mucho tiempo antes de la jornada electoral.

¿Qué soy muy atrevida al aseverar eso? Tal vez, pero poco me equivocaré si aseguro que tan solo buscamos en las palabras de los candidatos los argumentos que fortalecen nuestra propia convicción previa. No buscamos que nos convenzan, buscamos que nos refuercen en nuestro convencimiento.

Cada ideología tiene su propio público, por ejemplo, como decía aquel twitero tan agudo: “Si Rajoy en vez de hablar hace pedos con el sobaco, sus fieles le votarán igual”.

Pero eso mismo sería transferible a gran parte del electorado: da igual lo que el candidato o candidata diga o haga si su convicción ya existe, el candidato con su discurso solo confirma y afianza esa convicción, o por el contrario la afea y la condena y en ese caso, la opción queda descartada.

Por eso, da igual si los casos de corrupción se multiplican por diez, ya sea en época de elecciones o no. Quien elige agarrarse al discurso del miedo, es porque es simplemente un cobarde y votará miedo; quien elige apoyar a un grupo de corruptos impenitentes y declarados, es porque en su corazoncito admira y aprueba ese proceder; quien dice que duda entre tal o cual mensaje, tan sólo busca en ambos quien refuerce con más acierto el argumento que necesita para justificar su voto.

Reflexiono sobre esa facilidad de las tendencias izquierdistas hacia el fraccionamiento y la enemistad y por qué la derecha lleva mucho mejor ese conflicto. Esa división de la izquierda, mal de nuestros males en la historia reciente actual y pasada.

Tal vez la gracia y la desgracia de la izquierda es, que al contrario que la derecha, no adoramos a caudillos. Es fácil para las fuerzas conservadoras unificarse a pesar de las diferencias internas que sin duda alguna tienen, solo necesitan una figura unificadora a quien obedecer y con rigor militar así lo hacen. Sin embargo, es mucho más conflictiva la conciliación entre las fuerzas progresistas. Digo que es gracia y desgracia a la vez, porque la libertad de pensamiento y la expresión de éste es bueno, pero al mismo tiempo dificulta la unidad y la confluencia de todo ello sin dañar la necesaria libertad de cada individuo. Sin duda, es un ejercicio de humildad y de generosidad lo que necesitamos con urgencia si no queremos que los episodios más oscuros de la historia se repitan por generaciones.

Es el proyecto a lo que hay que ser fiel y ese objetivo no está exento de los vaivenes que impulsen las circunstancias. Se trata de saber dirigir el barco aún cuando la tormenta sacuda la nave y las olas amenacen con naufragar. No siempre la mar está en calma y luce el sol. Los buenos navegantes saben cómo aprovechar la fuerza del viento, sujetar el timón o soltarlo cuando deben hacerlo para mantener el barco a flote y nunca pierden de vista la estrella que les guía.

Reflexiono sobre esa pregunta que hacen y que me hago yo también: ¿qué es usted, comunista, socialista, socialdemócrata…? Y confieso que no estoy muy segura de qué es exactamente lo que se pretende con definir o con autodefinirse en esos términos.

Me pregunto si solo somos una cosa excluyente de las demás y rechazo esa idea. Soy mujer, madre, trabajadora, ciudadana… ¿puedo elegir entre esas cuatro opciones? ¿Debo ponerlas en algún orden de prioridad? Es posible que sí y es posible que no, lo cierto es que soy todo ello y no renuncio a ninguna de esas definiciones.

Me siento ante todo humanista, socialista, demócrata, animalista, ecologista, feminista y sí, también yo me formé políticamente en la idea del comunismo tal y como lo pensaron Marx y Engels, pero rechazo toda dictadura que doblegue la libertad. Y todo ello, puede añadirse a la lista del párrafo anterior.

Yo soy todo eso y si tuviera que renunciar a alguna de esas partes, estaría renunciando a mi historia y a mí misma, porque… yo soy todo eso.

Y ahora que me acepto en todas mis facetas, seguiré reflexionando.

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2 comentarios

  1. Tú eres mucho, Maruja. Para quien no lo sepa, añado que excelente escritora. Muy buena entrada.

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  2. Gracias Antonio. Hoy estoy triste, continúo con las reflexiones del día después. Un abrazo.

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