Los valores en la historia

Hace algunos años me contaron una historia que me marcó en cuanto al concepto de valor y precio de las cosas. Pido disculpas por no poder ser más precisa en el sentido de la ubicación concreta del lugar, pero ha pasado mucho tiempo y no recuerdo el nombre de aquel sitio, solo sé que ocurrió en una aldea de la Sudamérica profunda.

En aquella aldea habitaban un pequeño número de personas, una tribu acostumbrada a compartir lo poco que la naturaleza y sus escasos medios le permitían. Si había que levantar una nueva cabaña, hombres y mujeres se unían y acababan en conjunto la construcción, fuese para quién fuese, para la familia que la necesitara; si había que acarrear agua o leña, entre todos y todas aportaban cada cual su tiempo y sus fuerzas y se repartía en la medida de las necesidades de cada cual.

Una ONG apareció un día con un proyecto de canalización de agua y otras obras que facilitarían la vida de aquella comunidad tan frágil. El trabajo había de llevarlo a cabo entre los miembros de la aldea y la ONG decidió compensar su esfuerzo con una cantidad de dinero determinada para cada uno de los trabajadores que participaban en el proyecto.

A partir de aquellos trabajos, nadie volvió a construir en comunidad nada para la aldea, solo se ayudaba a los vecinos a cambio de dinero u otros productos intercambiables. Se había trastocado completamente los arraigados valores solidarios de la comunidad, a raíz de un concepto de justicia retributiva que los miembros de aquella ONG occidental incorporaron de buena fe en base a sus propios valores.

Todo nuestro mundo, desde que los seres humanos tenemos memoria escrita en cualquiera de las formas que hemos inventado para plasmar la crónica de nuestra existencia, hemos marcado formas de intercambio tangibles e intangibles: Si el niño quiere un caramelo, me tiene que dar un besito. Hemos aprendido a dar con el objeto de recibir, nos enseñan a endurecer nuestro espíritu con el fin de obtener, de manejar, de poseer.

El “a cambio de nada” es difícil de entender cuando el mundo entero gira alrededor del más poderoso de los talismanes: el dinero. Quienes lo poseen, pueden poseer cualquier cosa, en cualquier lugar y en cualquier momento, pueden poseer incluso las almas y las voluntades de los otros seres humanos.

Socializados en la idea de que todo tiene un precio, la filosofía capitalista tiene abonado el campo del que tan sólo tiene esperar que la cosecha se vierta en sus manos sin apenas esfuerzo. La transgresión a esa norma es residual, la cultura pesa y pesa mucho sobre la psiquis de los individuos.

Hablamos de crisis de valores como si en algún momento de la historia de la humanidad esa crisis no hubiese existido. Los libros de historia se escriben sobre relatos de batallas, de muertes y de traiciones; los libros de historia de cualquier país, de cualquier continente o de cualquier ciudad, da igual, se escriben con sangre derramada a base de contiendas cuyo origen radica casi al cien por cien, en la disputa de tierras, de riquezas, de recursos, de posesiones reclamadas por grupos, subgrupos o simplemente por monarcas, generales o potentados.

Los libros de historia de la humanidad, raramente recogen grandes episodios de generosidad y de solidaridad y seguimos, con esa misma pluma sangrante, escribiendo el presente que nuestros nietos estudiarán en el futuro como la continuación de nuestra historia.

Acabar con esta crisis eterna que todo ser humano reclama en el fondo de su corazón, no vendrá nunca de la mano de un superhéroe de cómic. Encontrar la forma de iniciar una nueva etapa humana donde los valores de cambio no sean la base de la convivencia, está exclusivamente dentro de nosotros.

Ya surgen voces, cada vez más, que reclaman ese cambio. Me diréis que siempre hubo hombres y mujeres que levantaron la voz y que dieron la vida por cambiar el mundo hacia otro más justo e igualitario, más solidario y generoso y tenéis razón, siempre ha habido. Pero ahora, la tecnología y los avances de nuestra sociedad, además, nos permiten dejar atrás los intentos aislados de cambio por la fuerza arrolladora de los cambios en cadena.

Cada vez más personas son conscientes de la necesidad de dar un giro a esta dinámica destructiva que sufrimos colectiva y personalmente. Cada vez más personas se plantean que hay cosas que no tienen precio, pero que tienen un valor infinito: ¿Qué vale un árbol, un bosque, una especie animal que se extingue? ¿Qué vale el sufrimiento humano, qué nos cuesta una vida, mil vidas, millones de vidas humanas? ¿Qué vale el futuro en un planeta que se autodestruye?

Esa luz entre tanta oscuridad, comienza a crecer cuándo miles de seres humanos se alinean como voluntarios en todo tipo de batallas donde las armas las constituyen la solidaridad y su convicción de que otro mundo es posible sólo si nosotros lo hacemos posible.

Dar, esperando que lo único que la vida nos devuelva, sea cambiar la muerte por la vida en los libros de historia.

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4 comentarios

  1. Mariano · · Responder

    Querida Maruja.
    Has dado con una clave absoluta. Estamos configurados en el dar si, y solo si, recibimos algo a cambio.
    Hasta incluso el gracias, reclamamos.
    Se avecinan tiempos difíciles: la crisis del capitalismo, sistema culturalmente hegemónico, será la crisis del ser humano, una pan crisis cultural. Nos jugamos nuestra propia supervivencia como especie.
    Creo que los intentos orientados al socialismo del siglo pasado fracasaron xq no atacaron esa cosa de dar para recibir, en el camino perdieron la solidaridad como valor. X eso nunca pasaron de capitalismos de Estado.

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  2. Hay que educar en la solidaridad y las viejas generaciones no somos el mejor ejemplo. Habrá que reinventarse y pelear contra nuestras propias contradicciones.

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  3. Bonsoir

    J’ai vu ton passage sur mon blog
    Je me permets de rentrer dans ton univers
    Pour te dire merci
    Merci de ta fidélité
    Merci de tes commentaires
    Merci du fond du coeur
    Merci pour tout
    je te souhaite une très bonne soirée

    Une excellente semaine à venir avec une petite chute de température

    Reste bien au chaud

    Prends bien soin de toi

    Gros bisous Bernard

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    1. Mi francés no es muy bueno pero puedo entenderlo si leo despacio. Muchas gracias por visitar mi blog. Un abrazo.

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