Corriendo hacia atrás

En la historia de la humanidad se han producido cientos, miles de revoluciones. Revoluciones violentas, revoluciones pacíficas; revoluciones económicas, sociales, sexuales, industriales… Revoluciones todas, que han movido los cimientos de los países, de las mentes y de las sociedades.

En todas y cada una de esas revoluciones, las mujeres han formado parte, casi siempre en la retaguardia, con la invisibilidad prendida del pecho, pero presentes en las luchas y formando parte de las victorias y de los fracasos. Sin embargo, al final de cada contienda, las mujeres regresan de nuevo al lugar reservado a las féminas, es decir: a las trastiendas de la sociedad.

Pocas veces las mujeres han podido ser protagonistas de las revoluciones, tanto si las han promovido, como si han participado codo con codo junto a sus compañeros varones.

Los pequeños cambios introducidos en la vida de las mujeres con la pretensión de lograr sociedades más igualitarias, han quedado más en una declaración de intenciones, escritas, claro que sí, que en la práctica efectiva. Una vez más, se cumple aquello de: cambiar algo, para que todo siga igual.

La noticia fugaz del pleito perdido por una azafata rusa contra la compañía aérea “Aeroflot”, que ha apartado a muchas de sus azafatas de los vuelos internacionales, mucho mejor pagados, por exceder de la talla “L”, superar los 40 años o no ser lo suficientemente bellas a juicio de sus jefes, es tan indignante, como las razones que han esgrimido al afirmar que las gordas entorpecerían una situación de emergencia y que el avión pesa más y consume mucho más combustible. Argumentos que aceptó el juez para desestimar la demanda de las azafatas afectadas.

No contentos con eso, aseguraron que “Aeroflot es una aerolínea de máxima calidad y parte de la razón por la que la gente paga es por la apariencia de los empleados”.

A ver, que yo me entere: ¿la “gente” paga por recrear la vista en el culo de las azafatas o por volar con profesionales que les den las máximas garantías de comodidad y seguridad? Cuando dicen “gente” ¿hablan solo de hombres y por supuesto heterosexuales? ¿Aeroflot ha excluido a las mujeres y a los varones homosexuales como clientela viajera?

Tengo la sensación de que corremos hacia atrás. Es como si a esta sociedad mundialmente machista y enferma, le bajaran de vez en cuando la fiebre sin intención de atacar, ni por un momento, el origen de la infección.

Esta enfermedad recurrente que se agrava conforme se extiende por los entresijos de la sociedad, se nos va metastizando, nos envuelve y nos ahoga, mientras se normaliza en nuestra vida como si tuviera derecho a corroernos.

Decía líneas arriba, que esta es una noticia fugaz. Y lo es porque no he vuelto a leer ni escuchar ni una sola vez más, nada concerniente a este suceso. No he visto en las redes menciones a este hecho por parte de nadie. Tan solo fue la noticia de un día, nada más, nada importante.

Conocemos los datos. Sabemos que el paro se cierne más sobre las mujeres que sobre los hombres; que los salarios son inferiores aún cuando la capacitación sea superior en las mujeres; que los puestos de responsabilidad están copados por los hombres en detrimento de las mujeres, ya sean cargos públicos o privados. Vemos a diario desfilar en los informativos de televisión, presentadoras jóvenes y guapísimas y, a su lado, presentadores viejos, jóvenes, calvos, gordos, delgados, feos, guapos… personas normales. Pero las mujeres no. Las mujeres, presentadoras, azafatas y un sinfín de profesionales más, han de estar listas para el juicio erótico de quienes las miran. A las mujeres, se nos sigue encasillando, no por nuestra capacidad profesional o intelectual, sino por el grado de erección que despertemos en los potenciales clientes de este mercadeo que es nuestra imagen.

La sociedad patriarcal no ha sufrido cambios en miles de años. Los avances son mayoritariamente tecnológicos, pero en materia de igualdad continuamos en la Edad de Piedra.

Pueden ponerse corbata, pueden saber utilizar la tecnología más avanzada, pueden tener estudios superiores… o no. Da igual. Lo que cuenta al final es la supremacía masculina sobre la femenina y, dentro de eso, los deseos primarios del hombre de las cavernas: comer, beber, follar y dominar.

La revolución sigue pendiente. No digo una revolución más, hablo de la Revolución con mayúsculas, la única que permitirá hacer avanzar en igualdad a la humanidad completa.

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4 comentarios

  1. […] post interesantes: Corriendo hacia atrás Una hipótesis sobre el origen de la postverdad  Un gran disco de “la otra” […]

    Le gusta a 1 persona

  2. Mariano · · Responder

    Es terrible que esa noticia no haya pasado a mayores. Es vergonzoso que sigamos todavía en esas… Hay situaciones de hostigamiento a la mujer que están todavía muy aceptadas en la sociedad, incluso por las mujeres mismas: está el caso, sin ir más lejos, de las bailarinas clásicas… mayormente sujetas a un régimen de terror que les implica no poder aumentar de peso, destrozarse los pies, bailar horas y horas; los casos de las mujeres que trabajan como personal de limpieza en los hogares, condenadas a la invisibilidad social y fiscal…

    Es necesaria una Revolución, sí. Pero esa Revolución no debe consistir solamente en que la mujer ocupe los mismos puestos que el hombre, digamos que no acaba allí. Vamos al meollo: el verdadero nombre del patriarcado es capitalismo. De nada sirve que la mujer ocupe los mismos sitiales que el hombre si el sistema sigue siendo el mismo régimen de explotación que gobierna el mundo. Sería, como dices, cambiar algo para que nada cambie.

    Digo: En Estados Unidos la presencia de Condoleeza Right (mujer y afroamericana) o de Hillary Clinton como secretarias de Estado no volvió más justa o humanitaria a esta verdadera máquina de matar que es actualmente dicho país; El FMI tiene como directora a Christine Lagarde, mujer, que ha dicho que la abundancia de viejos amenaza la economía global… En Alemania está Merkel… En Francia, Le Pen es candidata de la ultra derecha.

    Mientras el sistema sea uno de explotación, lo mismo da el género de los dirigentes o sus gustos sexuales. La Humillación que sufrieron las azafatas también podrían sufrirla los hombres, y por características muy similares. Imaginemos si fueran hombres con sobrepeso, o afroamericanos o… ¡musulmanes!… ¿qué aerolínea occidental contrataría a un hombre musulmán como piloto o azafato? Es verdad que las presentadoras siempre deben ser monísimas en la tv y que no siempre es así entre los hombres… pero a que la mayoría de los presentadores son blancos, de educación católica!

    Hay un trecho muy largo: mujeres y hombres sufren discriminaciones y humillaciones en paridad… de distinta naturaleza cada uno, sí, pero el epicentro sigue siendo el mismo: el castigo a la diferencia, el endiosamiento del sometimiento: y para esto no hay géneros. A veces me siento un poco frustrado porque caemos todos los hombres en la misma bolsa y creo que eso es un arma de doble filo. Yo no respondo al estereotipo cavernícola, ya de por sí ese estereotipo es tan grave como el estereotipo de mujer que criticamos.

    Quiero decir que la línea del sometimiento es transversal: a las mujeres las someten por unas cosas, a los hombres por otras: el imaginario del Poder reclama (entre otras tantas cosas) belleza, sensibilidad y perfección física a la mujer; mientras le exige fuerza bruta, destreza técnica y ausencia de sentimientos al hombre (aunque ahora también pesa lo estético entre los hombres). El problema es el titiritero tras todos nosotros que crea favorecidos y desfavorecidos en uno y otro campo.

    Tenemos un gran camino por delante: el ser humano debe marchar hacia una senda de igualdad en derecho y oportunidades para cualquiera sin importar gustos, color de piel o género. Una senda humanista y holística. Mientras el Sistema actual siga vigente nada de eso va a ser posible y en caso de conseguirse será mero maquillaje.

    Abrazo grande!

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  3. Querido amigo, Simone de Beauvoir, decía que “El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos”.

    Ninguna mujer, como Clinton, Lagarde, Thatcher, May y un largo etc. hubiera llegado a los más altos puestos de responsabilidad de no haber acatado y aplicado las más duras leyes del sistema en cuanto a opresores y oprimidos. De no haber formado parte de esa filosofía, jamás se hubieran sentado en la cúpula, porque la cúpula, es un mundo de hombres diseñado para el control y la perpetuación del patriarcado y sus normas.

    Entre las clases populares, la educación más primaria -y no hablo de la escrita, sino de la efectivamente percibida por niños y niñas- sientan también las bases, desde la familia misma, de quienes son las personas que ocupan el lugar de mando y quienes las que han de obedecer.

    Un recluso entrevistado hace pocas fechas, encarcelado por haber asesinado a su esposa, decía “La maté porque me llamó cabrón. Los hombres mandan y las mujeres obedecen”. La afirmación de este hombre de no más de cincuenta años y escasa formación académica, deja claro que su convencimiento no es aprendido en libros, no es necesario, el sistema tiene una forma mucho más efectiva de hacer que los individuos asimilen las normas y crezcan creyendo que el mundo se rige por capas. Sí, por capas. Capas sociales en las que las mujeres, son por el mero resultado de su nacimiento, subcapas dentro de esas otras capas sociales, económicas y políticas. Por eso no hay distinción, en el terreno del maltrato y la violencia generada en la familia, entre mujeres de clase baja y mujeres de clase alta: ambas la padecen.

    Claro que, por suerte, existen cada vez más hombres disconformes con este sistema de sometimiento de unos individuos por otros. Y fíjate que no existe ni una sola sociedad, ni un solo país, donde ese sometimiento no se dé y donde el porcentaje de hombres dominantes socialmente hablando, en cada una de esas “capas” a las que me refiero, siempre excede de forma desorbitada del de mujeres. Eso no es por casualidad.

    Solo te pondré un ejemplo más. Las mujeres han sido las encargadas de cocinar en los hogares toda la vida. Esa es una tarea de cuidado y servicio, en cambio, cuando trasladamos esa misma tarea al campo de los negocios, son los hombres, los “chefs” (cocinero suena a pobre) quienes copan el prestigio y las más altas retribuciones. ¿Crees de verdad que los guisos hechos por hombres son más sabrosos? Sin embargo, ¿dime cuántas mujeres alcanzan un renombre en la alta cocina? Y así, podríamos hablar de tanto…

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  4. Mariano · · Responder

    Es verdad, siempre me llamó la atención el proceso de masculinización de las mujeres en el poder. Conozco bien ese mundo de hombres-reyes: lo vi en casa de mis abuelos y así fue como de bien chico me prometí no repetirlo. Era algo injusto: mi abuela postergada en sus decisiones toda su vida. Solo en sus últimos años, cuando enviudó pudo llevar a cabo mucho de lo que nunca pudo (entre tantas cosas verse todas las películas del cable).

    El tema es no focalizar en “los hombres” al patriarcado, cosa que vengo viendo no sin tristeza hace bastante. Los hombres no somos el patriarcado, ni somos todos victimarios: es un sistema de creencias que ha existido por milenios, cuya raíz más primaria quizá sea ese mundo de las cavernas donde, en teoría, los hombres cazaban y las mujeres cuidaban la prole. Pero vamos: con un pie en el espacio, claro que no podemos seguir así.

    Insisto: en eso que ahora llaman Patriarcado no solo las mujeres son víctimas. El concepto de sometimiento que mencionás es la clave. Es importante poner el foco en la situación de tantas y tantas mujeres, pero no creo que sea correcto aislarlo del resto de los abusos existentes. Este sistema funciona sometiendo a roles fijos a la humanidad en general: a los hombres con el rol de proveedores y a las mujeres con el rol de ecónomas del hogar. El cambio que me gustaría sería una sociedad donde directamente no haya lugares de decisión, donde nadie mande sobre nadie donde hombres y mujeres se liberen de sus respectivos mandatos y, por sobre todo, de la reproducción del Capital.

    Abrazo desde el Río de la Plata, me voy a cocinar que en un rato llega Laura 🙂

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